La crítica debería ser una conversación informal.
El teatro no ha vuelto a ser lo mismo desde que los actores se convirtieron en señores.
¿Sabes?, es imposible representar a Jesucristo en el arte. Nos hemos acostumbrado a los antiguos maestros, por su formalidad, pero en su momento aquellos cuadros debieron de resultar escandalosos: pintaban a Jesús en el momento de nacer, o después de morir. Quizá sería posible mostrarlo después de la Resurrección, pero si se le ve sanando a los enfermos, o bendiciendo a los fieles, nuestra atención se desplaza hacia ellos. Las dos naturalezas de Cristo corresponden a la esencia y a la existencia.
Creo que, de joven, Shakespeare era tan solo un futuro príncipe Hal, un fracaso, en realidad. Shakespeare escribió esas obras con una doble intención: mostrar a los jóvenes lo horrendo que puede resultar un personaje como ese, y mostrarles también en qué consiste el verdadero éxito. Pero al que realmente se recuerda es a Falstaff.[272] Sorprende la poca importancia que la ficción norteamericana le concede al dinero. Como novelista, sería posible contar una historia de amor apasionado e incluir los detalles de los menús y los precios de cada cosa. Ni siquiera Scott Fitzgerald, que ciertamente consigue darnos una idea de ciertos ambientes, da cuenta de los hechos como tales. ¡Cuántas cosas, por ejemplo, podrían escribirse acerca de la caída de la bolsa en 1929, y sobre sus efectos en la vida de las personas!
La oración de Completas era particularmente terrorífica. ¿Sabes que se compuso cuando los bárbaros estaban ya a las puertas de Roma?[273]
Una vez tuve ocasión de visitar el Pentágono, y realmente me pareció como salido de Kafka. Mientras atravesaba una puerta para salir, un guardia me detuvo y me dijo: «¿Eh, adónde cree que va?». «Quiero salir», le dije yo, a lo que él replicó: «Ya está usted fuera».
Quizá mi escaso gusto por Brahms se deba a razones extra estéticas. Sin embargo, cada vez que escucho una combinación de notas particularmente odiosa y la atribuyo a Brahms, usualmente acierto. Me pasa lo mismo con Shelley. Es el único poeta inglés que realmente me disgusta. Sus ritmos pueden ser bellos, pero su dicción es absolutamente imposible. Muy mala. Las soluciones de Browning no se parecen en nada a las mías, pero aun así puedo admirarlo. Sus poemas líricos son atroces, pero los poemas extensos no. La apología del obispo Blougram es un logro mayúsculo. Browning es el primer poeta de la clase media baja.
Tampoco me gustan los poemas largos de Blake, con todo ese trasfondo fantástico. Wordsworth, en cambio, no me disgusta en absoluto, y sus obras extensas son especialmente buenas. El Preludio es maravillosa. A mí me atrae el mismo mundo que a Wordsworth, pero no los mismos lugares. Mis paisajes no se parecen en absoluto a los suyos. Mi propio universo —y eso es algo sobre lo que aún no he escrito— proviene en primer lugar de los libros.
La verdadera prueba de que a uno le gusta la poesía inglesa es Pope. No tiene demasiadas ideas, pero su lenguaje es maravilloso («la Chicane, cubierta de pieles»).[274] «El rizo robado» es uno de los poemas más perfectos jamás escrito en inglés.
Rilke es demasiado schöngeistig. Simplemente, jamás podría haber traducido «Pædicabo ego vos et irrumabo».[275]
Verdi y Mozart son los más grandes compositores, son los Alfa plus. Bach, Beethoven y Haydn son de primera. La obra suprema de Verdi es su Requiem. No creo que Mozart haya mantenido siempre el mismo nivel. Algunos denuncian la violencia de su Requiem, pero un réquiem es para los vivos. Haydn es, en realidad, mejor sinfonista que Mozart. El mejor Mozart es el de las óperas y los conciertos. Tengo Fígaro, Don Giovanni, La flauta mágica y Così… Così es absolutamente maravillosa.
Parte del material de la Misa en sí menor no es realmente de este mundo, pero también hay pasajes largos y aburridos. Pero fíjate en el «Qui tollis». Entera, solo me gusta La pasión según san Mateo. Me criaron con Bach, y lo escuché muchísimo de joven, pero en algún momento me di cuenta de que la Chacona era muy aburrida.[276] Bach se disfruta más al tocarlo que al escucharlo. Por ejemplo, los cuarenta y ocho preludios y fugas de El clave bien temperado. El «Kyrie» le parece a uno maravilloso en un principio, pero enseguida nos damos cuenta de que continuará por la misma senda hasta el amargo final.
La obra más grande de Beethoven, creo yo, es la Missa Solemnis.
Hiciste referencia a «Oh dime la verdad sobre el amor».[277] Para mí, personalmente, se trata de un poema muy importante. Lo escribí en el barco en el que viajaba a China, mientras cruzábamos el Mediterráneo, en 1938. Christopher Isherwood se dio cuenta de inmediato de su importancia. Es extraordinario cuán proféticas pueden ser esa clase de cosas, porque fue inmediatamente después de aquello que conocí a la persona que realmente cambió mi vida por completo.[278] Sucedió igual que con un poema que escribí a principio de los años treinta, donde mencionaba no solo a Hitler, a Mussolini y a Roosevelt, sino incluso a Churchill. Entonces, Churchill no era más que un político sin demasiado éxito, aunque acababa de ganar unas elecciones intermedias.
En realidad, soy una persona de sangre. La vida siempre me ha parecido muy gozosa. Incluso cuando te hacen daño y gritas, es un placer poder hacerlo. Ahora bien, si tuviera dinero, no viviría en Estados Unidos. El clima es bastante malo. Me gustaría vivir en algún lugar en el sur de Europa.[279]
De algún modo me apena haber dejado de dar clases en institutos, pero lo cierto es que es un trabajo tremendamente exigente. Los jovencitos de doce años son los mejores conversadores que hay. Son muy inteligentes; se muestran interesadísimos durante quince minutos y después se olvidan por completo de lo que uno les está diciendo.
Eliot no se da cuenta del peligro que corre de condenarse per se por maniqueo. La poesía, sin embargo, es producto de nuestros sentimientos. Hay una anécdota de Eliot que resulta tremendamente reveladora. Una mujer que estaba sentada a la mesa a su lado le dijo: «Esta fiesta es maravillosa, ¿no le parece?», a lo que él respondió: «Por supuesto, siempre que uno sea capaz de ver el esencial horror que hay en ella».
A excepción de Ibsen, el siglo XIX prácticamente no tiene teatro. No obstante, fue riquísima en óperas: Wagner, Verdi, Donizetti. Acabo de comprarme Don Pasquale. Qué bella es, y qué poco la escuchamos.[280]
Uno se imagina a Shakespeare callado y sentado en un rincón, y de pronto, después de tomar un par de copas, divertidísimo y gritón.
Mis dos ambiciones son: pasar a formar parte de la historia de la prosodia inglesa y del Oxford English Dictionary —que me citen por haberles enviado un par de palabras desconocidas para ellos. Es una lástima que no pueda escribir al revés, como se hace en islandés, un idioma flexivo.
Soy esencialmente antifrancés. La Rochefoucauld no dice nada que no supiéramos todos de antemano: no me interesa en lo más mínimo. Los escritores franceses que me gustan son de lo más atípico: Pascal, Baudelaire, Rimbaud, por supuesto. Baudelaire es brillante cuando habla del culto de los franceses por Voltaire. No me gusta nada Montaigne: era mucho más infeliz de lo que él pensaba. De mi generación, solo me interesan Valéry y Cocteau. Este último es extraordinariamente agudo. Valéry es muy inteligente. Es un monstruo, si se quiere, pero tremendamente inteligente. A mí me interesan esa clase de inteligencias: Pascal, Valéry. Realmente van más allá de la típica inteligencia gala.
Nietzsche vence a los franceses en su propio terreno. Amiel es aburridísimo. ¿Quiénes son los grandes aforistas? Pascal, Baudelaire, Nietzsche, Blake, Kafka. En toda la obra de Kierkegaard hay cosas maravillosas, especialmente en los Diarios, donde se encuentran constantemente.
Betjeman es la única persona que de verdad entiende muchas de las cosas que resultan importantes para mí.[281]
Me gustaría mucho conocer la historia de las interioridades del Vaticano. Debe de ser el lugar más emocionante del universo, donde el espíritu y el mundo se aproximan más que en ningún otro sitio. Ahí, más que en ningún otro lugar, me encantaría tener algún cargo oficial.
Los únicos dos reyes ingleses con buen gusto fueron Jacobo I y Jorge IV. Jacobo escribió muy buena poesía. La evidencia, en el caso de Jorge, es el Brighton Pavilion. Me gustaría saber más acerca de Guillermo III. Jorge V fue el primer monarca de Inglaterra, desde los Estuardo, en hablar inglés sin acento. Eduardo VII tenía un acento terrible. Jorge realmente salvó la monarquía. Los tejemanejes de Eduardo VII habían amargado a la burguesía. Y hubo un gran movimiento republicano durante el reinado de Victoria.
Sin embargo, la conducta de Jorge V entre 1914 y 1918 cambió el sentir de la gente.
Soy un monárquico convencido. Hay una anécdota extraordinaria acerca de Jorge V. El conde de B no había aparecido por la corte durante algún tiempo. Jorge —a uno de sus cortesanos—: «¿Dónde está el señor B?». El cortesano: «Se ha ido de Inglaterra, señor». «¿Y por qué?» «Es homosexual, señor.» «Ah, creía que esos se suicidaban.»
¡Qué tremendo espectáculo, cuando Virginia Woolf y Stella Benson decidieron huir juntas! Sus maridos las persiguieron hasta el mismísimo aeropuerto. Al final, por desgracia, las convencieron de volver con ellos, pero ¡qué escena maravillosa para una película!
Nunca fui realmente comunista, aunque en alguna época estuve a punto de serlo. Mi viaje a España me abrió los ojos.[282]
Más que a ningún otro país, los franceses miran hacia Roma. No, no al Vaticano: al Imperio romano. Yo me encuentro cómodo con los bizantinos, pero no con los romanos. La única razón por la que los protestantes y los católicos han renunciado a la idea de la dominación universal es que se han dado cuenta de que es imposible que se salgan con la suya.
¿Estuviste en París antes de la guerra? Bueno, pues era realmente horrible: prácticamente estaban deseando que los alemanes los invadieran. El petit bourgeois francés es el espécimen humano más detestable que uno pueda imaginarse.
El problema de los franceses es su terrible cartesianismo. Para ellos, solo se puede estar a favor o en contra. Eso es perfectamente lógico, pero no dejan lugar al elemento irracional, que siempre está presente. Así que van dando tumbos de la anarquía a la dictadura y viceversa. El concepto de la leal oposición a Su Majestad británica les resulta absolutamente extraño. Los ingleses, sin ser nacionalistas hasta el extremo francés, son más una nación que ellos. En Inglaterra no se habla de «la gloire» o «la patrie». Fuimos afortunados, al haber tenido una revolución más tempranamente, y fuimos lo suficientemente listos para mantener la nobleza abierta a nuevos talentos.
Los católicos realmente no han desarrollado una estética cristiana. Si no asumieron la metafísica aristotélica, ¿por qué insisten en conservar una estética pagana? Después de todo, no consideran que las obras de arte sean necesariamente anticristianas. Incluso santo Tomás se apoya en la estética de Aristóteles. De hecho, uno se pregunta hasta qué punto fue verdaderamente cristiano. Lo único que nos reconcilia con él es la gran lucidez de la que gozó en sus últimos días, cuando dijo: «Todo lo que he escrito me parece pura paja». ¿Te acuerdas de lo que Kierkegaard opinaba sobre Hegel?: «Si solo hubiera dicho, después de escribir sus libros: “No eran más que una broma”, habría sido un gran hombre».
¿Sabes? Empiezo a pensar que ni siquiera Dante es en realidad un escritor cristiano. Sin duda es el más grande de todos los poetas. Es sorprendente lo difícil que se vuelve todo cuando uno se toma las cosas en serio. Antes de ser un verdadero creyente, resultaba fácil aceptar la teología de Dante y hacer a un lado la incredulidad. Pero ahora he comenzado a dudar de que haya sido un auténtico cristiano. Jamás se percató de que Dios sufre. El infierno de Dante consiste en castigos impuestos desde fuera, no de pecadores que permanecen ahí deliberadamente, lo que constituye la creencia cristiana.
Creo que la poesía es frivolidad, fundamentalmente. Yo mismo escribo poesía simplemente porque me gusta hacerlo. Lo único verdaderamente serio es amar a Dios y al prójimo. Porque uno puede decir: «No soy matemático» o bien «No soy artista, y me parece muy bien, porque no tengo talento para eso». Todo aquello que no es indispensable para uno es fundamentalmente frívolo. Nadie puede decir que no ama a su prójimo porque no tiene talento para eso: es indispensable para todo el mundo.
No, el proceso es el siguiente: primero convierto mis sentimientos en algo parecido a los símbolos algebraicos, y más tarde el lector los reconvierte en impresiones subjetivas. Cualquier interpretación que se sostenga por sí misma es correcta, a menos que uno pueda señalar el texto y decir: «Mira, ahí dice así y asá».
Góngora no es solamente sonido. Cuando ese es el caso, una traducción a otra lengua en prosa no tiene el menor sentido, y Góngora es absolutamente extraordinario en traducción inglesa. Incluso Poe, que está mucho más inclinado a esa clase de cosas, es mucho más que solo música.
Hay dos cosas que no me gustan: ver a las mujeres beber licores fuertes y verlas en la barra de un bar sin acompañante. La mujeres deberían beber oporto con limón.
¿Se te olvida que no apruebo en lo más mínimo las ideas políticas de Pound? Creo que está completamente loco. Y le gusta Confucio, que es terriblemente aburrido. Tenía razón quien señaló: «Gracias a Dios, solamente un país ha escogido a una persona insoportablemente aburrida como héroe nacional: China».
¿Cuáles son los mejores libros de crítica, los que me han influido más fundamentalmente? Los de W. P. Ker están entre ellos. De Hardy aprendí las formas estróficas, pero Ker me hizo descubrir la perpetua disponibilidad de las formas métricas, y vinculó la prosodia a la cultura general.[283] El bosque sagrado de Eliot fue, en cierto modo, un libro muy importante cuando apareció por primera vez. Para 1935, la revolución del gusto de la gente interesada en esos asuntos se había completado ya. Y Eliot sigue siendo el mejor seleccionador de citas en inglés.
Frost desempeña, de algún modo, el mismo papel que Wordsworth en Inglaterra. Y sí: estoy de acuerdo en que sus últimos poemas son mejores.
Los últimos poemas de Yeats son correctos, desde luego, pero hacen que uno se sienta incómodo. Eso es lo que sucede cuando se es virgen hasta los cuarenta, como fue su caso. No hay nada malo en decir «polla» o «pito», pero cuando dices «verga», suena un poco sucio. Todo el mundo entiende a qué te refieres, desde luego, pero estás en condiciones de publicarlo, y lo otro no. Hoy en día es sencillamente imposible que un verso como «Pædicabo ego vos et irrumabo» pase por la imprenta. Me gustaría escribir poemas como ese. No, nunca he pensado en publicar algo así, pero me gustaría sentir que puedo hacerlo si quiero…
Ven y sírvete un trago. ¿A qué clase de obras tardías te refieres? ¿El arte de la fuga entraría en esa lista? Porque, en cierto sentido, Bach se pasó toda la vida componiendo esa clase de cosas. En cierto sentido, me parece que la Eneida sería una obra tardía. Y también Bouvard y Pécuchet. ¿Lo has leído? Sin duda es lo mejor que Flaubert escribió jamás. Aunque quizá no alcanzó a darle los últimos toques. Su primeras novelas son aburridísimas. Incluso La educación sentimental resulta deprimente. Pero Bouvard y Pécuchet es verdaderamente divertida. Especialmente aquella escena en la que llegan a la granja tarde en la noche y están tan emocionados que cogen una vela para ir a ver el huerto. Suceden mil cosas. Sí, puede ser que al principio le interesara el diccionario, pero estoy seguro de que más tarde terminó por enamorarse de sus personajes, cosa que jamás le sucedió en sus primeros libros.
Hoy en día, la gran pregunta parece ser si deberíamos continuar escribiendo poesía. Durante los años treinta nos preguntábamos qué clase de poesía había que escribir, ¿poesía para las masas, por ejemplo? Pero jamás tuvimos dudas de que debíamos escribirla. La gran pregunta hoy es: ¿qué es realmente disfrutable? ¿Debería uno escribir poesía o follar?
Ninguno de los estudiantes parecía interesado en la técnica. Hablaron de los Cuatro cuartetos, pero nadie hizo el menor comentario de la imitación que Eliot hace de Dante.[284] Y uno se imaginaría que esa es la clase de asuntos que le interesan a un poeta joven. A ellos no, sin embargo: más bien parecían estar imitando a Hart Crane. Y había un poco de Millay, un poco de Stevens, incluso —me temo— un poco de mí. Muy mal. Sobre todo imitaban la dicción. «Intrincada trigonometría del trasero» era uno de los versos. Sé muy bien de dónde venía eso.
Me sorprende mucho que los contemporáneos tuyos, en Harvard, quieran imitar a Eliot a estas alturas. En Oxford, en mi época, sí que se lo copiaba. La poesía tenía que ser muy austera. Después de todo, Eliot conoce perfectamente bien la métrica que usa. Es imposible pillarlo en un error, tratándose de la historia de la prosodia inglesa.
No hay demasiado que de veras apetezca leer en la novela inglesa. ¿Cómo se llama esa novela de Dickens, una de las últimas, en la que aparece un místico? ¡Edwin Drood! Esa sí que posee muchas de las características de su obra tardía. La novela isabelina no tiene ninguna importancia; un poco de Nashe es suficiente. Y las novelas del XVIII son muy aburridas. Me gusta Defoe. Richardson no, tampoco Fielding. Richardson simplemente es demasiado extenso. Smollett es casi el único novelista dieciochesco que soporto. ¿A qué escritores del XVIII debería uno leer? Solo a Pope y a Johnson, y a Gay. Swift no me gusta nada, aunque Instrucciones a los sirvientes es un buen libro. La poesía está bien, pero encuentro aburridísimo Los viajes de Gulliver.
Eliot tiene algunas ideas de lo más extrañas. En un ensayo bastante temprano sobre Dante —el que menciona a Richards— afirma que nuestras creencias no deberían afectar nuestros juicios poéticos. Sus creencias, sin embargo, afectan claramente sus juicios sobre Milton, a quien menosprecia justamente porque difiere de él en cuanto a sus creencias. Ahora bien, yo difiero de las creencias de Milton tanto como Eliot, pero eso no me aleja definitivamente de su poesía. De hecho, encuentro mucho más disfrutable la poesía de aquellos poetas con los que no estoy de acuerdo en nada. Eliot, en cambio, después de toda esa parrafada sobre evitar rastrear creencias en las obras, hace exactamente eso, y utiliza «Lo importante es estar preparado» —verso que aparece uno de los parlamentos de Edgar—[285] para probar su tesis de que en el centro de la filosofía shakespeareana se encuentra el estoicismo. Si uno hace algo así, lo consecuente es ponerse a revisar obras enteras para ver qué es lo que dicen todos aquellos personajes que expresan determinadas opiniones. Sí, está publicado. Y me temo esta vez tengo que discrepar totalmente de Tom, con respecto de este asunto.
Me pregunto en quién estaba pensando Eliot cuando escribió la sección dantesca de «Little Gidding», en Ezra Pound, o quizá en Jean Verdenal. Por supuesto, pensaba en Dante, pero probablemente tuviera algo más personal en mente: ese asunto del doble espejo es la clase de cosas que le gustan a Eliot.[286]
No soy un poeta topofílico. Dante sí. Utiliza ambos métodos, desde luego —el «Argo» es uno de ellos—, pero su descripción de los caminos alrededor de Lucca es absolutamente detallada: pura topofilia.
Si tuviera que hacer una antología de Shakespeare, mis selecciones serían, a un tiempo, bastante esnobs y representativas: La tempestad, Cuento de invierno, Trabajos de amor perdidos, la primera y la segunda parte de Enrique IV, Mucho ruido y pocas nueces, Medida por medida, Hamlet, El rey Lear, Antonio y Cleopatra, quizá Otelo, en vez de Hamlet. Creo que Noche de reyes es una obra malísima. De las obras de madurez, Medida por medida es la que menos me gusta. En mi opinión Beatriz y Benedicto son los mejores personajes de las comedias, incluso teniendo en cuenta a Rosalinda. Y Orlando es demasiado rígido. Le dejo Coriolano a los franceses. No puedo entender los elogios que Eliot hace de esa obra. Para mí Coriolano es el más aburrido de todos los héroes de Shakespeare. Y Macbeth por el estilo. Estoy profundamente encariñado con Cuento de invierno. Cordelia es una bruja estúpida: ¡tantos «noes»!; cosa común en las últimas obras de Shakespeare. Seguramente se procuró una actriz que hiciera precisamente esa clase de personajes.
Soy incapaz de contar sílabas. Hay mucha gente a la que esas cosas le interesan, sobre todo cuando ni siquiera escriben poesía. Una vez escuché una conferencia sobre la «Carta a lord Byron» en la que el ponente aseguraba que estaba escrito en ottava rima. Lo peor es que efectivamente había estudiado el poema. Era un profesor de literatura moderna.[287]
No he escrito mucho verso libre. El mío proviene de Rimbaud y de los Salmos.
A los artistas ya no se les trata tan mal como antes, como a Mozart. Schubert tenía que tocar el piano en casa de su patrón y, cuando alguien más quería tocar, él tenía que apartarse.
No sé qué haré el año que viene. Estoy pensando que quizá debería trabajar para el Departamento de Estado, en el área de Inteligencia.
No me convertiría al catolicismo, pero me siento lo suficientemente cercano a este para sugerir qué libros deberían estar en el Índex. Si tuviéramos que hacer un Índex propio, Brahms, Shelley y Sibelius estarían allí in toto… y también Aldous Huxley. Y no, no me parece que Fielding tuviera que estar. Es aburrido, pero nada más. No permitiría que nadie menor de veinticinco años leyera a Whitman; ni a Hart Crane: también es peligroso para los jóvenes. Y solo la gente con la madurez necesaria debería escuchar Parsifal. Anoche estuve escuchándola, con Chester: es una obra extraordinaria. Exacto: el tercer acto.
Creo que Don Quijote es bastante aburrido. Demasiado largo. Lo mejor de Sherlock Holmes, Don Quijote y La tempestad es que, una vez que les pillas el truco, sabes que se trata de un buen truco. Ni siquiera se necesita que sean verdaderamente poéticas: el mito basta. Una vez que lo entiendes, puedes imaginar el resto tú solo. Por ejemplo, solo tienes que conocer la anécdota de los molinos de viento para poder escribirla por ti mismo. Precisamente por eso se han hecho tantas continuaciones de La tempestad: Renan, Browning… La versión de Shakespeare es un caos.[288] Y desde luego, se puede decir lo mismo de Sherlock Holmes: la escritura no vale nada. Y la gente no se da cuenta. La cosa es que, si el mito es magnífico, la escritura debería estar al mismo nivel, aunque no sea indispensable. En todo caso, allí radica la importancia de crear un mito: su valía no depende del estilo.
Don Quijote es el único mito verdaderamente cristiano.
Es sorprendente que haya habido tan pocas imitaciones de Shakespeare. En el verso blanco de Wordsworth, por ejemplo, es posible descubrir la influencia de Milton. Desde luego, no me refiero a imitaciones hechas en su misma época, cuando todo aquello formaba parte de la misma atmósfera. El teatro isabelino tuvo un tronco común más o menos hasta 1642.
Mi introducción a la antología de Tennyson parece haber creado una gran polémica en Inglaterra, solo porque dije que Tennyson era tonto.[289] Desmond MacCarthy me puso a caldo; es el gran señor de la crítica inglesa, algo así como Edmund Wilson en Estados Unidos, aunque un poco mayor. Ahora, los editores lo publicitan como «el polémico libro». No se paran a pensar que si no me gustara Tennyson no me habría molestado en escribir aquella introducción.
Por supuesto que Betjeman es un poeta menor.
En Estados Unidos existe muy poca conciencia de las formas definidas. ¡Qué tremendo contraste con el siglo XVIII, donde se te tiraban encima por colocar una cesura en el lugar incorrecto!
¿Sabes? El verso básico en inglés tiene cuatro acentos. Al parecer, la lengua avanza en grupos de dos o cuatro: por eso hay que decir «a fucking day» [«Un puto día»].
El inglés produce espondeos sin el menor esfuerzo.
Existen dos tradiciones en la poesía inglesa: el pie y la simple combinación entre acentos y sílabas; esto último es típico de Hopkins. El verso cuantitativo no necesariamente se escribe acentualmente. En Surrey y Wyatt es fácil descubrir que simplemente están contando las sílabas. Por eso detectamos cierta aspereza en su prosodia.
Sorprende lo poco que saben los estudiantes sobre prosodia.
¿Has visto La importancia de llamarse Ernesto? Es una pieza extraordinariamente buena. No trata de nada en especial, y ese es su acierto. El abanico de Lady Windermere tiene algunas referencias sociales, lo que la perjudica. Pero La importancia de llamarse Ernesto no ha pasado de moda. El problema con las obras de Shaw es que son solamente cabeza, y nada de cuerpo, cosa que no funciona en el escenario. Puede que Ernesto no tenga demasiado cuerpo, pero por lo menos hay atuendos varios. Obviamente, hay que verla, no solamente leerla. Del mismo modo que, por ejemplo Lear no funciona en el escenario. Al cabo, Wilde no es tan importante por su escritura —no sabía escribir— como por su modo de comportarse. Aun así, escribió cosas francamente agudas: «Veinte años de romance hacen que una mujer parezca una ruina; pero veinte años de matrimonio la convierten en algo así como un edificio público».[290] Da en el clavo: la frase es buenísima. Y aquel comentario en su lecho de muerte: «Muero como he vivido: por encima de mis posibilidades».[291]
No creo que se pueda describir la historia de Chaplin como un mito, porque es imposible separarla del actor. Es una farsa. ¿Quiénes son los grandes maestros de la farsa para mí? Chaplin, Grock, Marie Lloyd y Groucho Marx. Este último es el único entre todos sus hermanos que tiene cerebro. Algunos de sus gags son maravillosos, aunque, desde luego, no es tan bueno como Chaplin.
La gente está mejor educada en Inglaterra que en Estados Unidos: es preciso adquirir modales; saber cómo pasar el té con cierta gracia.
La mayoría de la gente no se da cuenta de que Churchill es, en lo que respecta a su oratoria, un seguidor de Burke, aunque comparativamente menor. Por eso lo consideran mejor orador de lo que es en realidad.
Lo único que leí en el verano y que me impresionó fue Suave es la noche de Fitzgerald. Me parece aún mejor que El gran Gatsby. Y sí: es una obra tardía.
Me temo que las obras de teatro de James no funcionan. Los personajes son demasiado inteligentes, y no hay ningún papel digno de una gran actriz.
El primer poema que escribí aquí fue el de la muerte de Yeats.[292]
Tengo que dar una charla sobre Yeats. ¿Sabes?, cuanto más lo leo, menos me gusta. Piensa en esa frase: «y, por delfín y gong desgarrado, ese mar».[293] Cuando lo lees por primera vez, suena maravillosamente, pero cuando te avienes a examinarlo simplemente no tiene sentido. Es del segundo poema sobre Bizancio. No, no puede entenderse en relación con la vibración, porque el gong tendría que haber estado sonando en el mar, y eso es imposible. Los gongs provienen, obviamente, de alguna clase de procesión en tierra firme. Los delfines desgarrando el mar me parecen bien, sobre todo para ser una patética falacia, pero el desgarro del gong no funciona. Para nada. Era un viejo espantoso.
Tengo que hacer una antología de la literatura griega, ¿qué crees que debería incluir? Por lo pronto, estoy considerando el libro sexto y el vigésimo cuarto de la Ilíada, la Orestíada completa —en la parte dedicada a la tragedia—, ya sea Las nubes, Los pájaros o Las ranas —en la de la comedia—, la expedición a Sicilia y el diálogo de los melios de Tucídides —¿hizo Hobbes una traducción?—, la historia de Polícrates que escribió Heródoto, todos los fragmentos de Heráclito, los Aires de Hipócrates, pasajes paralelos de la Física y la Metafísica sobre el motor inmóvil, el Timeo y el Simposio de Platón, y me parece que también la Poética. No me decido qué poner sobre las ideas políticas. Tienes razón: quizá incluir Las leyes es una buena idea. Después, quiero añadir una pequeña sección cristiana: el principio del Evangelio de Juan, las cartas a los romanos y a los corintios, y terminar con el credo de Atanasio.[294]
Creo que la gente se equivoca al contraponer a Platón y Aristóteles. El verdadero rival de Platón era Tucídides, que al contrario de los otros dos, y siguiendo a Pericles, no endiosó al Estado, sino que lo entendió como un asunto de conveniencia.
Me parece sorprendente que haya tan pocas imitaciones de los griegos en inglés, verdaderamente pocas. En realidad, no hay más que dos: Sansón agonista y «El naufragio del Deutschland».[295] Creo que Hopkins realmente entiende el uso pindárico del lenguaje y de la forma —pienso en la invocación inicial, en que las monjas corresponden al mito, etcétera—. Antes de él, nadie comprendió en lo más mínimo qué era lo que Píndaro buscaba. Creo que existe esticomitia en los dramas de Séneca.[296] Quien sea que haya señalado que los diálogos socráticos provenían de las preguntas y respuestas de los ritos de iniciación eleusinos estaba en lo correcto. Y también es así en el caso de la esticomitia de la tragedia, que igualmente involucra preguntas y respuestas. Tienes razón: los epigramas de Landor representan un uso posterior de los modelos griegos. Igual que Browning.
La liturgia católica inglesa, el antiguo uso de Sarum, era mucho más puntilloso que sus equivalentes continentales.
No me enamoré nunca de verdad hasta que cumplí treinta y dos años, ¡y entonces Venus escuchó mis plegarias! Cuando era más joven, iba siempre con gente de mi misma clase social. Chester fue la primera persona que conocí que era, al mismo tiempo, nada aburrida y con atractivo sexual.
Finalmente, he llegado a la conclusión de que ser marica es un error, pero es una larga historia. Mis razones son relativamente simples. En primer lugar, todo acto homosexual es un acto de envidia. En segundo, cuanto más te involucras con una persona, surgen más problemas, y el afecto no debería funcionar así: demuestra que hay algo que no está bien.
La fidelidad es mucho más importante en las relaciones homosexuales que en las demás. En otras, hay diversas cosas que te unen, mientras que en este caso la fidelidad es el único vínculo.
Nuestra mayor dificultad, con respecto del pensamiento griego, es que los griegos no tenían idea de la importancia de elegir libremente. No veo cómo Platón pudo reconciliar al Demiurgo del Timeo con la visión de Er, al final de la República, con su sistema de recompensas y castigos. ¿Hasta qué punto estaba convencido de cada uno de ellos?
La cuestión de la existencia no parecía preocuparle lo más mínimo a los griegos, mientras que para los cristianos es importantísima.
No creo que a Aristóteles le gustara realmente la poesía. Quizá a su mujer le gustaba ir al teatro, y volvía a casa diciendo disparates sobre la obra que acababa de ver; así que, al final, él sintió que tenía que hacer algo para probarse a sí mismo que podía discernir sobre el asunto. Sus descripciones sugieren que solo conocía de verdad a Sófocles.
El sexo debe ser mutuo. Hay que irse a la cama tanto con amigos como con gente que vive de eso, en cuyo caso el dinero disfraza las diferencias de deseo y de belleza. Eso me hace pensar que los maricas estadounidenses tienen un gran complejo de culpa; allí, al contrario que en Europa, no hay tradición feudal. Mi sensación es que, si le pido a alguien de clase baja de allí que se vaya a la cama conmigo, es su deber hacerlo.
No, no creo que Norma sea histérica.[297] Es el epítome del clasicismo, porque la situación domina el carácter. Supongo que, a la gente que es tremendamente emocional, la intensidad de la música puede darle esa impresión. No entiendo por qué a la gente le gusta tanto La Bohème. A medida que pasa el tiempo, Puccini me disgusta cada vez más.
¿A qué se deberá que, tratándose de música, los amateurs quieren siempre escuchar lo mismo una y otra vez, y son solo los expertos quienes desean escuchar algo nuevo, mientras que, en el caso de la literatura, los expertos son los únicos dispuestos a releer, mientras que la gente en general no soporta volver sobre la misma obra?
¿Sabes? Una de los mayores problemas de Estados Unidos es la ausencia de convenciones. En mi caso, me siento profundamente ofendido cuando mis alumnos no me demuestran deferencia.
Los modales en sociedad son como las convenciones en la literatura.
Los Diarios de Kafka son muy malos. Terriblemente deprimentes; toda aquella sinceridad típicamente judía. Está muy bien en las novelas, pero aquí…
Sabes muy bien que en Estados Unidos no existen los secretos. En Inglaterra es muy distinto: allí, la gente los entiende como algo que dos personas comparten: una forma de relación. Por eso en Estados Unidos es preciso tomar medidas de seguridad de lo más estrictas.
Los jóvenes deberían vivir en ciudades pequeñas. Los norteamericanos deberían vivir en Europa.
Notas
[272] Auden se refiere aquí a las dos partes de Enrique IV. <<
[273] Auden hace alusión aquí a la última de las horas canónicas, la división del día de acuerdo con los rezos de los monasterios, que se utilizaba en la Edad Media. Entre 1949 y 1955, Auden compuso una serie de poemas dedicados a esas horas, que se tituló Horae Canonicae y que se publicó íntegramente en el volumen El escudo de Aquiles, 1955. <<
[274] Pope, La Dunciada. <<
[275] «Os joderé y os follaré la boca», Catulo, XVI. Schöngeistig puede traducirse como «esteta». <<
[276] De la Partita para violín solo n.º 2, BWV 1004. <<
[277] Poema incluido en su libro Otro tiempo, 1940. <<
[278] Se refiere a Chester Kallman (1921-1975), poeta y libretista norteamericano, pareja de Auden desde 1940 hasta su muerte. <<
[279] En la década de los cincuenta, Auden acabaría alquilando una casa en la isla de Ischia para pasar los veranos. <<
[280] Don Pasquale es una ópera de Donizetti, estrenada en 1843. <<
[281] Se refiere a su amigo el poeta John Betjeman (1906-1984). <<
[282] Auden estuvo en España durante la guerra civil, en 1937. Visitó Barcelona y Valencia y escribió un poema titulado Spain (1937), que luego eliminó de su poesía reunida por considerarlo deshonesto. <<
[283] Sobre W. P. Ker, véase la nota 14 del ensayo «Hacer, conocer y juzgar», en la p. 76 de este volumen. <<
[284] En la segunda parte de la sección II de «Little Gidding», Eliot lleva a cabo una peculiar adaptación de la terza rima dantesca. <<
[285] En El rey Lear IV, III, la traducción es de Nicanor Parra, en Obras completas II & algo más, Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2011. <<
[286] Parece que Eliot tenía en mente, entre otros, a W. B. Yeats. <<
[287] Auden se refiere al poema que publicó en 1936 y que adaptaba la forma estrófica empleada por Byron en su Don Juan. <<
[288] El propio Auden escribió su propia continuación de La tempestad en el largo poema El mar y el espejo, 1944. <<
[289] El texto está incluido en este volumen, en la p. 292. <<
[290] Oscar Wilde, Una mujer sin importancia. La traducción es de Alfonso Sastre y José Sastre, Madrid, Edaf, 1997. <<
[291] Citado en Frank Harris, Vida y confesiones de Oscar Wilde. La traducción es de Ricardo Baeza, Buenos Aires, Emecé, 1944. <<
[292] Se refiere al primer poema que escribió en Estados Unidos, después de haber abandonado Inglaterra y que se tituló «En memoria de W. B. Yeats», escrito en 1939. Auden adquirió la nacionalidad estadounidense en 1946. A partir de los años cincuenta, empezó a pasar los veranos en Europa, primero en la isla de Ischia y luego en el pueblo austríaco de Kirchstetten. Al final de su vida, en 1972, dejó Nueva York y se trasladó a vivir a Oxford. <<
[293] W. B. Yeats, «Bizancio». La traducción es de Daniel Aguirre, en Antología poética, Barcelona, Lumen, 2005. <<
[294] La antología terminó haciéndose y el prólogo está incluido en este volumen, en la p. 146, con el título de «Los griegos y nosotros». <<
[295] Poemas, respectivamente, de Milton y Gerald Manley Hopkins. <<
[296] En el teatro grecolatino, la esticomitia consiste en el diálogo de versos alternados. <<
[297] Se trata de la ópera de Bellini, estrenada en 1831. <<
“Fragmentos de conversación”, pertenece al libro “El arte de leer ”, de Wystan Hugh Auden. Consultar la fuente original para mayor precisión en el texto.