Cultura y socialismo – Por Leon Trotsky

La crítica marxista de la ciencia debe permanecer, no sólo vigilante, sino también prudente, so pena de degenerar en un verdadero sicofantismo, en una famusovchina[1]. Tomemos por ejemplo la psicología. El estudio de los reflejos de Pávlov se sitúa íntegramente en la vía del materialismo dialéctico, derribando definitivamente el muro que existía entre la fisiología y la psicología. El más simple reflejo es fisiológico, pero el sistema de los reflejos da la «conciencia». La acumulación de la cantidad fisiológica da una nueva calidad, la calidad «psicológica». El método de la escuela de Pávlov es experimental y minucioso. La generalización se conquista paso a paso: desde la saliva del perro hasta la poesía (es decir, hasta la mecánica psíquica de ésta, no su tenor social), aunque las vías hacia la poesía no se vislumbren aún.

La escuela del psicoanalista vienés Freud aborda la cuestión de una manera distinta. Ante todo, parte de la consideración de que las fuerzas motrices de los procesos psíquicos más complejos y más delicados resultan ser necesidades fisiológicas. En ese sentido general, esta escuela es materialista, si se prescinde de la cuestión de saber si no da un lugar demasiado importante al factor sexual, en detrimento de los otros factores (pero ya éste es un debate que se inscribe en el marco del materialismo). Sin embargo, el psicoanalista no aborda experimentalmente el problema de la conciencia, desde los fenómenos primarios hasta los fenómenos más elevados, desde el simple reflejo hasta el reflejo más complejo; esforzándose más bien por llegar hasta las bases fisiológicas del alma, franqueando de un solo salto todas las escalas intermedias, de arriba abajo, del mito religioso, de la poesía lírica o del sueño.

Los idealistas enseñan que el alma es autónoma, que el «pensamiento» es un pozo sin fondo. Por. el contrario, Pávlov y Freud consideran que el fondo del «pensamiento» está constituido por la fisiología. Pero mientras Pávlov, como un buzo, desciende hasta el fondo y explora minuciosamente el pozo, de abajo arriba, Freud permanece arriba del pozo y, con una mirada penetrante, se esfuerza, a través de la masa siempre fluctuante del agua turbia, en discernir o adivinar la configuración del fondo. El método de Pávlov es la experimentación. El método de Freud, la conjetura, a veces fantástica. El intento por declarar al psicoanálisis «incompatible» con el marxismo, volviéndole la espalda sin ceremonia al freudismo, es demasiado simplista, o más bien demasiado «simplón». En ningún caso estamos obligados a adoptar el freudismo. Se trata de una hipótesis de trabajo que puede dar —y que está dando, indiscutiblemente— hipótesis y conclusiones que se inscriben en la línea de la psicología materialista. La vía experimental lleva, en su momento, a la prueba. Pero aunque fuere menos segura, no tenemos ni motivo ni derecho a prohibir otra vía que se esfuerza por anticipar conclusiones a las que conduce la vía experimental mucho más lentamente.

Mediante estos ejemplos, yo quería mostrar, al menos parcialmente, tanto la diversidad de la herencia científica como la complejidad de las vías por las que el proletariado puede apoderarse de ella. Si ya resulta que en la edificación económica no se pueden resolver los problemas con simples órdenes y que hay que «aprender a comerciar», en las ciencias el método de ordeno y mando sólo puede llevar al prejuicio y a la vergüenza. En este campo hay que «aprender a aprender».

“Cultura y socialismo”, pertenece al libro “Sobre arte y cultura”, de Leon Trotsky. Consultar la fuente original para mayor precisión en el texto.